Psicología del Suicidio


Autor: http://ehumana.wordpress.com

 

Luego de diversas peticiones para profundizar sobre el tema del suicidio, hemos decidido abordar y compartir con ustedes el análisis de tal fenómeno; la psicología del suicidio. Para alcanzar este propósito hemos de apoyarnos en la teoría expresada en la referencia bibliográfica titulada “Psicoanálisis y Neurosis” de Sigmund Freud.

Dentro de nuestra realidad sociocultural, eminentemente agresiva, es frecuente escuchar sobre actos e intentos suicidas, especialmente en épocas que involucran fe, esperanza, afecto, convivencia y unión, tal como las celebraciones de Navidad, Año Nuevo, Día de la Madre, Día del Padre, etc. (los invitamos a leer nuestro artículo titulado “Depresión y Navidad”).

Según nuestra referencia de apoyo, respecto a la tendencia y al acto suicida, señala que “El suicidio es un acto de autosadismo intenso. En el suicidio el yo realiza una acción agresiva contra sí, de una fuerza tal que consigue destruirse.”

Es importante enunciar que el estado depresivo mayor es la enfermedad psíquica en la que seguramente es más intenso el peligro de suicidio. Sin embargo, las tendencias autoagresivas del melancólico no se manifiestan solamente en las ideas de suicidio, sino también en los reproches que por diferentes motivos se hacen a sí mismos.

Freud ha demostrado que las quejas del melancólico son reproches que el enfermo hace a un objeto que ha introyectado en su yo. Es decir cuando dirige su agresividad contra sí mismo, en realidad quiere atacar un objeto exterior que ha introyectado en su yo. Por ejemplo, un individuo que ha sufrido de un despido laboral injustificado e irrevocable, experimentará la imposibilidad de atacar tal hecho, por lo que generará sentimientos de impotencia, frustración y dolor, recurriendo entonces a recriminarse por todas aquellas acciones que considere hayan propiciado su despido.

Solamente se puede pensar en la existencia de casos en que la vuelta contra el yo (individuo) de las tendencias agresivas se realiza por aquello ciertamente inevitable e imposible de satisfacer. Por ejemplo, un individuo sumido en la pobreza extrema, a quien realmente se le negasen las puertas de oportunidad, no podrá satisfacer sus necesidades más elementales. Esto le causará sufrimiento continuo, decidiendo entonces suicidarse.

Existen dos motivaciones para el suicidio:

  1. Agresión hacia el exterior
  2. El deseo de recuperar el objeto perdido

Dentro de estas motivaciones intervienen factores ambientales y psicosociales, trastornos afectivos y adaptativos -con estado de ánimo depresivo-, consumo de sustancias, enfermedades médicas, conflictos familiares, dificultades económicas, laborales y de vivienda, problemas relativos al ámbito legal, etc.

AGRESION HACIA EL EXTERIOR

El esquema de origen de las ideas de suicidio puede ser la siguiente.

Cuando el individuo recibe y percibe una agresión de su medio ambiente experimentará sentimientos agresivos hacía su ambiente. Viéndose imposibilitado de realizar tal agresión esta será devuelta hacia la integridad del individuo, generando como ya decíamos, la supremacía autosádica del suicidio.

El suicida quiere vengarse del ambiente que ha originado su resolución desesperada. Por ejemplo, que el medio se vea defraudado en sus designios y el suicida pretende influir con su muerte en el ambiente que le rodea.

DESEO DE RECUPERAR EL OBJETO PERDIDO

Por su parte, ante la pérdida del objeto libidinoso de importancia vital para el individuo, surgirá el deseo de recuperar tal objeto libidinoso (objeto gratificante o estimulante de placer; no de carácter erótico) por ejemplo, al poseer cierto status socioeconómico de carácter solvente e incurrir en un posterior quebranto económico, el individuo deseará recuperar dicho status a fin de no perder la calidad de vida que esta conlleva.

Ante la imposibilidad real de recuperar el objeto perdido se presentará el fenómeno de la identificación del yo con el objeto perdido, suscitando el suicidio.

Otro ejemplo de pérdida del objeto libidinoso sería la muerte de una persona querida intensamente. La vida después de esta pérdida carece de carácter interesante o agradable, lo que podría hacer que el individuo piense poner fin a su existencia. Aconteciendo previamente una identificación con la persona fallecida y con la suerte que a este objeto ha acaecido.

La coexistencia de ideas de suicidio y al mismo tiempo de temor intenso a una muerte casual, nos demuestra también cierta independencia entre el deseo de morir y el de suicidarse.

Para el suicida, en la gran mayoría de casos, la muerte no significa solamente el refugiarse en la nada, sino que por el contrario, ocurre que la muerte proporciona al suicida posibilidades de vida de las que anteriormente carecía.

Con su muerte el suicida no culmina su vivencia con este mundo, busca su trascendencia -le interesa el cómo irá a morir- y elige condiciones que puedan influir afectivamente en su ambiente.

Estas condiciones nos hacen recordar aquellos casos sonados que han conmocionado a nuestra sociedad, pero que son inmediatamente olvidados.

Por ejemplo, una noticia divulgada por Prensa Libre el 04 de Octubre de 2008 señala “En una cama yacían los cuerpos de dos niños y su madre, después de que esta última decidiera terminar con la vida de los tres, supuestamente, por su separación conyugal”.

La madre era enfermera profesional y anestesista de un hospital nacional, siendo ella quien aplicó la sustancia –anestesia- a sus hijos y hacia sí misma, recostándose en la cama junto a ellos, hasta morir.

En la habitación, fiscales hallaron jeringas y frascos de vidrio con anestesia.

Así también, el mismo periódico enuncia el caso suscitado el 16 de Noviembre de 2006. En esta ocasión una madre decide lanzarse desde el puente El Incienso, ubicado en la zona 7 de la Ciudad Capital, con su hija de 2 años de edad, presumiblemente por una psicosis posparto.

Las evidencias continúan, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) durante el periodo de los años 2002 al 2007 se reportaron 2,305 suicidios. Entre los años 2005 al 2006, la tasa aumentó un 126%.

Del año 2006 al 2007 se presento un incremento del 27 por ciento, evidenciando una tendencia al alza.

Concluimos con la notación que existe independencia entre el deseo de morir, y el de suicidarse. Al primero le compete una reacción conductual pasiva (deseo), mientras la tendencia o el acto suicida implican una reacción conductual activa. En ambas condiciones suelen presentarse episodios o trastornos depresivos que suelen estar en relación con acontecimientos o situaciones estresantes.

Tome en cuenta que las víctimas suelen avisar sobre sus decisiones fatales.

  • Obsequian sus objetos o pertenencias más preciados.
  • Se aíslan, dejan de bañarse y de asistir a reuniones sociales.
  • Realizan visitas, se despiden de familiares y amigos a quienes estima.
  • Asumen conductas de negación, tristeza, frustración y ansiedad.
  • Constantemente hacen comentarios de que quieren quitarse la vida.

Una compañera de trabajo, quien no quiso dar su nombre, contó que K.G. la llamó por teléfono, la noche del jueves último, y le avisó que nunca la iba a volver a ver”.

Me llamó para avisarme que se iría de este mundo con sus hijos, para siempre, pero no creí que hablaba en serio”.

 

REFERENCIAS:

  1. Freud, Sigmund: Psicoanálisis y Neurosis
  2. http://www.prensalibre.com/pl/2008/octubre/04/267734.html
  3. http://www.prensalibre.com/pl/2009/junio/01/265747.html
  4. http://www.prensalibre.com/pl/2009/diciembre/01/359809.html
  5. http://www.prensalibre.com/pl/2010/marzo/01/index.html
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